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La odisea en tu organización: Los ocho desafíos que ya están en tu equipo

“No me avisaron.” “Eso no era prioridad.” “Nadie dijo nada.” Frases así no son accidentes aislados — son la superficie de un patrón que se repite en casi cualquier equipo, con el tiempo suficiente como para que valga la pena nombrarlo.

Hay ocho de estos patrones que aparecen con más frecuencia que cualquier otro. Homero los describió hace tres mil años en la Odisea, con nombre de monstruo. No hace falta conocer el mito para reconocerlos — y, como vas a ver, la investigación en psicología organizacional y economía del comportamiento lleva décadas documentando por qué ocurren y qué ayuda a revertirlos.



El Cíclope — liderazgo de un solo ojo

Es el liderazgo que solo mira su propio ángulo del negocio: ventas defiende ventas, operaciones defiende operaciones, y nadie cruza su lectura con la de nadie más. La decisión se toma con media información, presentada como si fuera completa. La Odisea le puso nombre hace siglos: un ojo, un solo punto de vista.

El investigador Gary Klein propuso, en un artículo ya clásico de Harvard Business Review, un ejercicio simple contra este problema: antes de decidir, el equipo imagina que el proyecto ya fracasó y cada persona escribe, por separado, por qué. Ese ejercicio —el premortem— obliga a que aparezcan las objeciones que nadie se atrevería a plantear en una reunión normal, y le devuelve al liderazgo la visión que le faltaba antes de comprometerse.

Y ese punto ciego termina costando a la gente que más aportaba.


Los Lestrigones — el liderazgo que ataca sin avisar

Es la urgencia que llega sin aviso un martes y borra la prioridad que se fijó el lunes. Con el tiempo, el equipo aprende que terminar algo no garantiza nada — y deja de intentarlo con la misma energía. Homero le dio forma de gigantes que atacan sin previo aviso.

La investigación de Edwin Locke y Gary Latham sobre el establecimiento de metas —una de las más replicadas en psicología organizacional— muestra algo que parece obvio y rara vez se respeta: los equipos rinden más cuando la meta es específica y estable, no cuando cambia cada semana según la urgencia del momento. Proteger la prioridad ya fijada, incluso frente a lo urgente, no es rigidez: es la condición para que el esfuerzo del equipo se acumule en vez de reiniciar constantemente.

Un equipo que no logra terminar nada, tarde o temprano deja de intentarlo.


Los Lotófagos — complacencia

Es el equipo tan cómodo en su rutina que ya ni recuerda hacia dónde iba — no por rebeldía, sino porque nadie decidió activamente detenerse; simplemente dejó de moverse. En la Odisea era una flor la que producía ese efecto; en una empresa suele ser la ausencia de una meta que realmente importe.

John Kotter, tras estudiar decenas de procesos de cambio organizacional, llegó a una conclusión incómoda en Leading Change: la mayoría de las transformaciones no fracasan por falta de un buen plan, sino porque nadie se ocupó de construir, de forma deliberada, una sensación real de urgencia. La comodidad no se resuelve señalándola una vez — hay que sostenerla activamente en la conversación del equipo.

Para cuando lo notan, ya perdieron la ventaja.


Circe — el placer propio por encima del equipo

Es la persona dentro del equipo que, seducida por su propio interés — una ventaja personal, una comodidad, un reconocimiento —, deja de operar para el objetivo común sin que medie ninguna traición explícita. Homero lo llamó hechizo; en la práctica es solo conveniencia sin freno.

El fenómeno tiene nombre en psicología social: pereza social, documentada por Bibb Latané y sus colegas desde 1979 y replicada muchas veces desde entonces. El hallazgo central es que el esfuerzo individual baja de forma medible cuando la contribución de cada persona se vuelve invisible dentro del grupo. La misma investigación sugiere la solución: no exigir más compromiso en abstracto, sino hacer visible de nuevo el aporte de cada quien.

Para cuando alguien lo nota, ya no reconoce en qué se convirtió su equipo.


Las Sirenas — atajos sostenidos por sistemas, no por voluntad

Es la tentación del atajo que ya sabes que cuesta caro: saltarte un control, prometer una fecha imposible, aprobar sin revisar. Ningún equipo resiste eso de forma sostenida por pura disciplina personal; lo que funciona es que el sistema lo vuelva imposible de tomar. En la Odisea, Ulises se amarró al mástil.

El filósofo Jon Elster nombró este mecanismo justamente a partir de este mito: lo llamó un pacto de Ulises — la decisión, tomada en frío, de construir una restricción que te proteja de tu propio criterio cuando estés bajo presión. Los equipos que dependen de la fuerza de voluntad para no tomar el atajo la pierden con el tiempo; los que construyen el pacto de Ulises en el sistema —una aprobación obligatoria, un límite que no se puede saltar aunque alguien insista— no.

Sin ese sistema, tarde o temprano alguien del equipo termina estrellado contra la misma roca.


Escila — el costo pequeño que hay que aceptar

Es la decisión que ningún líder quiere tomar en voz alta: aceptar de antemano una pérdida controlada — un cliente que no encaja, un proyecto que hay que soltar, una relación que ya no rinde — para no arriesgarlo todo por no soltar nada. Homero la representó como un monstruo que cobraba un precio fijo por barco.

Los investigadores Hal Arkes y Catherine Blumer documentaron, en un estudio ya clásico de 1985, la dificultad casi universal para soltar algo en lo que ya se invirtió — el sesgo de costos hundidos. Liderar bien exige lo contrario de ese instinto: decidir, antes de que la presión emocional se instale, qué pérdida es aceptable, para no terminar defendiendo lo que ya no rinde solo porque cuesta admitir que no rindió.

El liderazgo que nunca acepta esa pérdida controlada termina arriesgando a todo el equipo por no soltar a nadie.


Caribdis — el riesgo de no querer perder nada

Es el liderazgo que no está dispuesto a sacrificar nada — ni un cliente, ni una comodidad, ni una relación — y que, por evitar toda pérdida, termina apostándolo todo de una sola vez. En la Odisea era un remolino que no dejaba sobrevivientes.

Daniel Kahneman y Amos Tversky mostraron, en la investigación que sentó las bases de la economía del comportamiento, que el dolor de perder algo pesa psicológicamente más que el placer equivalente de ganarlo — lo llamaron aversión a la pérdida. Ese sesgo es exactamente lo que empuja a un liderazgo a no querer ceder nada, ni siquiera lo pequeño, hasta terminar arriesgándolo todo de una sola vez.

Evitar toda pérdida no es prudencia: es apostarlo todo de una sola vez.


El ganado de Helios — la regla que se rompe cuando nadie mira

Es la política que existe en el manual pero no en la práctica: la que todos cumplen bajo supervisión y todos rompen apenas nadie mira. El problema entonces no es quién la rompió — es que esa regla nunca fue cultura, fue vigilancia. En la Odisea, la regla era no tocar el ganado sagrado.

La socióloga Diane Vaughan, al investigar el desastre del transbordador Challenger, acuñó el término normalización de la desviación: el proceso por el cual una organización llega a aceptar como normal una violación pequeña y repetida de una regla, hasta que ese desvío se vuelve costumbre invisible. Una regla que solo se sostiene bajo vigilancia ya está, técnicamente, normalizando su propio incumplimiento.

Una regla que solo se sostiene bajo vigilancia no es cultura: es una sentencia esperando el momento equivocado.


Ítaca — el regreso

Es el momento en que una organización sale de una crisis y descubre que su lugar no la esperó intacta: otros ocuparon el espacio, la autoridad, el rumbo que antes se daba por hecho. Volver no alcanza — hay que reclamar de nuevo lo que era suyo. Así termina, en la Odisea, el regreso de Ulises a su propio trono.

Vale la pena el esfuerzo: lo esencial no vuelve solo porque el equipo siga ahí — vuelve porque alguien decide ir a buscarlo.

 

Cada uno de estos ocho patrones tiene, además del diagnóstico, un principio de solución ya documentado — pero leerlo no basta para instalarlo. Por eso, en MAITRI diseñamos La Odisea: el reto de volver juntos a Ítaca, una actividad de integración para equipos de trabajo construida sobre esta misma narrativa, donde el equipo no escucha estos ocho desafíos: los atraviesa, y practica en condiciones reales — no en una sala de conferencias — cuáles de estos principios necesita instalar.

Si te interesa llevar esta experiencia a tu equipo,





Referencias

  • Arkes, H. R., & Blumer, C. (1985). The psychology of sunk cost. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 35(1), 124–140.

  • Elster, J. (1979). Ulysses and the Sirens: Studies in Rationality and Irrationality. Cambridge University Press.

  • Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect theory: An analysis of decision under risk. Econometrica, 47(2), 263–291.

  • Klein, G. (2007). Performing a project premortem. Harvard Business Review, 85(9), 18–19.

  • Kotter, J. P. (1996). Leading Change. Harvard Business School Press.

  • Latané, B., Williams, K., & Harkins, S. (1979). Many hands make light the work: The causes and consequences of social loafing. Journal of Personality and Social Psychology, 37(6), 822–832.

  • Locke, E. A., & Latham, G. P. (1990). A Theory of Goal Setting and Task Performance. Prentice-Hall.

  • Vaughan, D. (1996). The Challenger Launch Decision: Risky Technology, Culture, and Deviance at NASA. University of Chicago Press.

 
 
 

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